Quizás sea la jornada de BTT
más épica que haya vivido. Ya no la más bonita, que lo fue, ni la más
divertida, que también. Lo que fue es una jornada de aventuras pura y dura.
Partimos de Tragacete por la
carretera que sube hacia el Nacimiento del Río Cuervo, y a los pocos
quilómetros nos tenemos que desviar a la izquierda. Sin embargo algo cambió
desde que los de En Ruta hicieron el recorrido, pues el desvío no se
encontraba donde el track indicaba, sino bastante antes, y el camino tenía
una puerta con un cartel y estaba todo vallado. Esto tenía una pinta de
ganadería vacuna que tiraba para atrás. El camino desaparece bajo nuestras
bicis, y sólo se pueden ver excrementos de vacuno aquí y allá. El momento
“toro bravo” hace su presencia, a pesar de que no terminábamos de ver la
manada. Abel y yo vamos sin hacer comentarios, mirando a todas partes, y
avanzando por un camino inexistente, con la incertidumbre de si nos
encontraremos o no algún astado. Finalmente encontramos una valla que nos
toca saltar, pero al menos nos tranquiliza: ya estamos fuera de la dehesa.
Saltando la Valla y saliendo de la dehesa
Comienza una ligera subida
hacia el Colladillo Seco y los Vasallos, al revés que lo pasáramos en la
jornada anterior, pero llega un momento que nos tenemos que desviar por lo
que parece un camino que casi ha desaparecido, de mucha tierra suelta y
fuerte pendiente en descenso. Allí nos encontramos en varias ocasiones con
grupitos de gamos que saltan a nuestro paso y alguna que otra ardilla. El
camino se convierte en senda y la senda en una fuerte trialera que tenemos
que bajar andando por la fortísima pendiente.
Circulando antes de bajar al Vallejo del Sotillo
Tras esto llegamos al lecho
del Vallejo del Sotillo. En la explicación del track se indica que el
barranco está inundado por boj de pequeño tamaño que hace imposible el
circular en bici. Pues bien, el boj se había convertido en una maraña de
arbustos de más de tres metros de alto. Intentamos pasar en varias
ocasiones, pero era excesivamente tupido. Estuvimos a punto de rendirnos y
darnos la vuelta, sin embargo se me ocurrió escalar por una de las laderas
del barranco para ver cuán largo era el trozo de maleza y pude comprobar que
no era más de 10 metros. Así pues, nos pusimos a romper maleza y a meternos
con nuestras bicis, a pesar de los arañazos que sufrimos por todas partes.
Pero logramos pasar.
La maleza no nos dejaba seguir el camino en el Vallejo del Sotillo
La verdad es que mereció la
pena. Lo que pudimos disfrutar a continuación es de lo más espectacular que
he podido disfrutar en la naturaleza. Tras discurrir con la bici por el
lecho del barranco, ya ciclable aunque sin camino alguno, llegamos a la
cabecera del rincón del buitre, que no es ni más ni menos que una afluencia
de torrenteras que forman una enorme “olla” o desfiladero de vistas
espectaculares. Pero lo mejor estaba por venir. Retomamos el camino y
accedemos al rincón del buitre por la parte superior. Allí nos encontramos
con algo sobrecogedor: al acceder por un sendero, cinco buitres leonados
emprenden el vuelo a nuestros pies, mostrando toda su envergadura ante
nuestras atónitas miradas, tras lo cual comienzan a planear de manera
espectacular por el rincón que toma su nombre. El eco que provocaban los
graznidos de los buitres en la olla del rincón era algo especialmente
remarcable.
El Rincón del Buitre
Rincón del Buitre
Con la imagen en nuestras
retinas retomamos el camino. Parece que algún buitre hace giros sobre
nuestras cabezas, por si las moscas, pero se ve que se da cuenta que estamos
demasiado vivos para sus gustos.
Arroyo del Pozarrón - Saliendo del Buitre
Llaneamos un rato, hasta
encontrarnos de nuevo con las eternas vacas. La primera vez las rodeamos
campo a través, pero a la siguiente ya demasiado cansados pasamos junto a
ellas. Menos mal que no eran bravas esta vez.
Así quedaron nuestras piernas por los rasguños de la maleza
Seguimos subiendo por
pistas, hasta tomar la cabecera del valle. Ahora hay que bajar por la ladera
que subimos el día anterior para llegar hasta el valle de Tragacete. Abel
pincha y le toca hinchar en varias ocasiones. Yo hago la bajada definitiva y
llego sin más dilación al pueblo.
Comimos satisfechos de la
aventura y hasta nos hacemos una foto con Martínez
De derecha a izquierda, el tío Paco, Abel y un servidor